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Comentarios del Arzobispo-electo Vigneron en la conferencia de noticias

Appointment News Conference
Monday, January 5, at 10 a.m.
Sacred Heart Major Seminary
Contact: Ned McGrath, Director of Communications
info@aod.org / (313) 237-5943
 
Archbishop transition updates: www.aodonline.org/archbishop

 
 PODCAST            MP3 Audiolisten/audio              watch/video            English

El Papa Benedicto XVI ha nombrado al Obispo Allen H. Vigneron de la Diócesis de Oakland, California, como el Nuevo Arzobispo de Detroit. Arzobispo-electo Vigneron dio los siguientes comentarios en una conferencia de noticias que tuvo lugar el 5 de enero en el Seminario Mayor del Sagrado Corazón:

Hoy representa la primera página en un capitulo nuevo de mi propia historia de vida y, a la vez, en la historia de la Arquidiócesis de Detroit. Como parte del recuerdo oficial de hoy, quisiera compartir con ustedes un poco de lo que llena mis pensamientos y mi corazón este día.

Poco después del año nuevo de 2003, me enteré que el Papa Juan Pablo II me enviaba a California para servir como obispo de la iglesia de Oakland. Fui voluntariamente porque tenía confianza que al aceptar la misión, yo abrazaba la voluntad cariñosa de Dios para mí: Cristo había hablado por medio de su vicario. Ahora, seis años después, el vicario de Cristo se ha expresado de nuevo, y con la misma confianza de fe tomo esta nueva misión como Arzobispo de Detroit.

Llego a este momento con gran alabanza y agradecimiento a Dios Padre por su providencia bondadosa, porque al proveer por las necesidades de su Iglesia, Él llena mi vida con las bendiciones que ciertamente me vendrán por medio del servicio que rendiré al pueblo en el sureste de Michigan.

Tomo esta oportunidad para expresar también mi agradecimiento a nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, por la confianza que ha mostrado en mí, llamándome a ser el pastor principal de la Arquidiócesis de Detroit. Mi respuesta de "sí" a esta llamada viene siendo el fruto de mi comunión con él, el sucesor de San Pedro, en la vida y fe trasmitida a nosotros desde los apóstoles. Le he prometido al Santo Padre, y les prometo a todos los feligreses de la Arquidiócesis, que esta comunión Católica será la fundación y base de mi ministerio en la Arquidiócesis.

Aprecio profundamente la cálida bienvenida que el Cardenal Maida me ha extendido desde el primer momento que se enteró de mi nombramiento. Hemos trabajado de cerca en el pasado; no tengo duda que en el nuevo conjunto de relaciones en las cuales hoy entramos, continuaremos colaborando eficazmente para la edificación de la Iglesia. Al empezar el proceso de tomar las responsabilidades del Cardenal Maida sobre el cuidado pastoral de la Arquidiócesis, no es demasiado pronto para empezar a darle al Cardenal el homenaje que él merece por su liderazgo sabio y su servicio generoso.

En este, el primer día de mi nombramiento como arzobispo, mis pensamientos y oraciones se enfocan particularmente en los sacerdotes, diáconos y seminaristas, en los religiosos y los fieles laicos, a los cuales vengo a servir. Siendo yo un hijo nativo de esta arquidiócesis, todos ellos han sido queridos para mí. Ahora que he llegado a ser el padre espiritual de esta iglesia local, todos son aún más queridos para mí. Con la ayuda de la gracia de Dios los amaré y los cuidaré, y anticipo recibir de parte de ellos, aquel amor que el Espíritu Santo incitará en sus corazones.

Cuando empecé estos comentarios, me referí al nuevo capitulo en la historia de la Arquidiócesis que se inicia hoy. El desarrollo de la historia de la Iglesia siempre ocurre en el contexto de la historia del siglo. Hoy, aquí, eso significa la lucha de parte del sureste de Michigan a encontrar un nuevo camino para establecer una economía emprendedora, para que las familias puedan tener recursos suficientes para obtener no solamente bienes materiales, pero los bienes espirituales también, cosas que necesitan para florecer. Reconozco que el reto enfrentando la comunidad cívica --como lo son todos los problemas de la sociedad-- es también un desafío pastoral. A este reto, empezando mi servicio como arzobispo, quiero traer todas las riquezas de la gracia que el Espíritu Santo ha derramado sobre la Iglesia.

Según mi estimación, dos dones en particular destacan: la gracia de la esperanza y la gracia de la sabiduría.

Tratando de la gracia de la sabiduría: En asuntos que tienen que ver con el resolver aún los problemas más prácticos, mientras que los recursos materiales son importantes, la creatividad y la inteligencia humana son los recursos que cuentan más. La Iglesia, con la riqueza de su doctrina social, tiene una colección de alcances para contribuir a la solución de nuestros problemas económicos. En mi servicio como arzobispo, haré todo lo que pueda para asegurar que estos recursos espirituales estén disponibles para los responsables de navegar el camino hacia delante, de nuestra comunidad.

Tratando de la gracia de la esperanza: La bandera y el sello de la cuidad de Detroit hablan de la esperanza – spera meliora, que quiere decir "espera en cosas mejores." Más aún que un llamado, estas palabras nos mandan tener esperanza. Si esta esperanza se fundara solamente en nosotros mismos, inevitable-mente nos decepcionaría. Pero la comunidad Cristiana sobre la cual he sido designado a dirigir, da testimonio que es justo tener esperanza, aún en tiempos de prueba difícil, porque nuestra esperanza está radicada en el Dios fiel, en el Padre, quien en Jesucristo ha venido a tomar su morada entre nosotros, y nunca abandonarnos. Esta esperanza, nacida de la fe, es una contribución inestimable que los Católicos de la Arquidiócesis ofrecen a la comunidad, mientras enfrentamos los desafíos sociales y económicos de nuestros tiempos.

Al moverme hacia el fin de mis comentarios, quiero expresar mi respeto y cariño para la Iglesia de Oakland: hacia sus sacerdotes y diáconos, y para el pueblo que hemos servido juntos. Aunque experimento una gran paz al aceptar la llamada a Detroit, porque sé que es la voluntad de Dios, esta paz viene con una gran tristeza al partir de Oakland. Mis años de servicio pastoral en la Diócesis de Oakland, aunque no sin sus desafíos notables, han estado llenos de bendiciones que nunca olvidaré.

Con estos pensamientos y sentimientos y aspiraciones vengo a Detroit. Al momento de este nuevo comenzar, como me enseñaron en los templos y capillas y escuelas de la Arquidiócesis, confío todo a la protección maternal de la bienaventurada Virgen María.


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